Musicoterapia en geriatría y gerontología

«En cuanto oímos una canción que llevamos mucho tiempo sin oír, desde algún momento concreto de nuestras vidas, se abren las puertas de la memoria y nos vemos inmersos en los recuerdos […]. Es como una llave que abre todas las experiencias asociadas con el recuerdo de la canción, su momento y su lugar»…
Daniel J. Levitin.
El proceso de envejecimiento se despliega en una secuencia compleja de cambios que tienen lugar en distintos niveles biológicos, psicológicos y social. El envejecimiento en consecuencia ha de abordarse desde una perspectiva multidisciplinaria, acorde con esa diversidad de niveles.

La musicoterapia puede desarrollar, mejorar o restablecer relaciones sociales y aumentar la comunicación, lo que supone una mejora de la convivencia en la residencia geriátrica y un trabajo preventivo de afecciones tan propias de esta etapa como son las depresiones, los sentimientos de rechazo y de soledad, la sensación de vacío, la falta de autoestima y otros.

Fue el Dr. Andrus (1955), quien al referirse a la música como terapia fundamental de apoyo en el trabajo con personas mayores señalaba que: «La música es ideal para el tratamiento de los pacientes geriátricos y con problemas de demencia, a causa de la gratificación y la sociabilidad que puede derivarse de la experiencia creativa. El estímulo verbal del ritmo simple es muy efectivo con pacientes en quienes ha disminuido la relación con la realidad». Este importante comentario apoya de manera firme una de las ideas sobre las que se fundamenta buena parte de nuestra terapia con música, y es la referida «al trabajo específico del ritmo con estos enfermos, ya que desencadena en el paciente de Alzheimer procesos psicomotrices, que de alguna forma van a influir especialmente en los sentimientos, emociones y afectos de muchos de ellos, sino de todos»

OBJETIVOS

– Retardar el proceso de deterioro de sus facultades físicas y psíquicas.
– Resocializar al usuario marginado a través del fomento de la relación interpersonal.
– Conseguir una gratificación psicológica y una recuperación de la autoestima mediante el descubrimiento de habilidades desconocidas o la recuperación de actividades abandonadas, tratando de que se sientan útiles hasta donde les permiten sus limitaciones.     
– Fomentar la comunicación a través de los diversos canales, evitando el aislamiento o inseguridad y fomentando los contactos y las relaciones normales con el medio.
– Dinamizar al individuo, en contra de la tendencia general del anciano hacia la inmovilidad psíquica y motora, con lo que se evita en gran medida la aparición de cuadros depresivos y se retarda la evolución de procesos demenciales.
– Ofrecer un espacio en el que se pueda elaborar las dificultades emocionales propias de la vejez (pérdidas, duelos, soledad…)
– Potenciar las costumbres de pensar y trabajar en grupo, junto a personas de su misma edad, llenando el tiempo de ocio con actividades satisfactorias.
BIBLIOGRAFÍA
Bruscia, K. (1999). Modelos de improvisacio!n en musicoterapia. Vitoria – Gasteiz: Producciones Agruparte.
Shannon E. Jarrott and Kelly Bruno American Journal of Alzheimer’s Disease and Other Dementias 31 Volume 18 Number 1 January February 200. pp 31-37
Silber, F., and Hes, J. «The use of songwriting with patients diagnosed with Alzheimer’s disease.» Music Therapy Perspectives, 13 No. 1 (1995): 31-34. Location-journals bound.
Wigram, T.; Bonde, L.O.; Pedersen, I.N. (2010). Guía completa de Musicoterapia. Teoría, práctica clínica, investigación y formación”. Vitoria-Gasteiz: Producciones Agruparte.
 

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